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22 agosto 2010

Contraluz, de Thomas Pynchon


De nuevo se trata de mi  primera vez con un autor difícil, y me había documentado previamente, de modo que sabía que abordaba una obra de 1300 páginas. Estaba preparado para las aventuras matemáticas (la confrontación entre estudiosos de los vectores y de los cuaterniones, ardua para quien tenga olvidada la aritmética). Sabía que se incluían algunas fantasías más propias de literatura juvenil, como la presencia de Pugnax, el perro que lee novelas a bordo del dirigible Inconvenience, o las pulgas gigantes que hablan “un dialecto uigur antiguo, aunque […] tienen ciertas dificultades fonológicas, en especial con la fricativa interdental sonora”. Sabía que serían inevitables las referencias a la convulsa política de la Europa de principios del siglo XX (huelgas, comunistas y nihilistas por doquier…). No me asustaba recurrir a frecuentes consultas a la wikipedia para comprender qué estaba leyendo (los tommyknockers, Shambhala, Henry Clay Frick, el espacio de Riemman…), pero todo ello no me había preparado para el maremágnum de personajes, datos e ideas.

Además de la tripulación del Inconvenience y de la familia del dinamitero Webb Traverse, conoceremos a una variopinta multitud de personajes. Asistiremos al desarrollo de la fotografía, a las agitaciones sindicalistas de la época y a la construcción del túnel de Simplon. Embarcaremos en el Stupendica, un transatlántico que se transforma en el acorazado Emperor Maximilian. Además: asesinos a sueldo, una familia de magos, espato de Islandia, la ruta de la seda, espías y sodomitas. Rodeándolo todo, pero sin que yo haya sabido encontrar la estructura que lo sustenta, ciencia, magia, bilocación e ingeniería.

Siempre me resulta duro confesar que no he sido capaz de terminar un libro. En esta ocasión ha sido una derrota en toda regla, no tengo excusas. Y este es el momento de la duda ¿culpo al libro o es problema mío el haber sabido sumergirme en el universo pynchoniano?

Como me resistía a abandonar la novela a medias, prolongué mi intento hasta más allá de la página 850, por lo que me siento autorizado a comentar algo. Los personajes principales son creíbles y es fácil simpatizar con ellos, aunque entran y salen de escena sin previo aviso. A cambio, surgen nuevos personajes sin presentación y en ocasiones cuesta saber si son reales o ficticios. El argumento es difícil de definir, si es que lo tiene. Inicialmente nos sitúa en la Exposición Universal de Chicago de 1893, pero la acción entra de lleno en el siglo XX, con escasas referencias temporales. En conjunto parece una parábola que no he sabido interpretar. Del final, obviamente, no puedo hablar.

Recomendado únicamente para quien ya conozca a Pynchon y quiera más de él.

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