Un relato muy en la línea de
Reverte, que es uno de mis autores preferidos. Ambientado en esta ocasión en el
sitio de Cádiz por parte de los franceses, entorno en el que el autor se
desenvuelve perfectamente, con descripciones precisas de la ciudad, sus calles
y sus gentes. No me gusta el excesivo alarde que se hace de la terminología marítima, y menos aún del vocabulario propio de la época, pero quizás sin esos términos tan decimonónicos
la novela sería distinta, no lograría situarnos dentro de la ciudad y tan
inmersos en dicho momento histórico.
Al inicio del libro una cita de
Euler y otra de Sófocles. A falta de ciencia que resuelva el misterio de las
jóvenes que aparecen asesinadas en distintos puntos de la ciudad, coincidiendo con
la caída de las bombas francesas, quizás la solución se encuentre en las
tragedias griegas. Sin embargo, al margen de dicha trama son varias las
historias que se desarrollan en paralelo.
Como siempre, la caracterización
de los personajes es genial. Reverte consigue que todos los personajes
principales sean estupendos a su manera: Lolita Palma, que se les apaña para
dirigir la empresa familiar pese a las dificultades que la guerra y el azar
imponen; el Capitán Lobo, curtido marino metido a corsario que sin embargo
desprecia el mar; el comisario Rogelio Tizón, hombre duro y cruel que ve
peligrar su carrera cuando se enfrenta a una serie de casos que no sabe
resolver, y a quien las nuevas leyes no harán cambiar sus métodos poco ortodoxos;
el intrépido Felipe Mojarra, salinero que se juega la vida para arrebatar a los
franceses una lancha cañonera con la esperanza de cobrar la recompensa, cuyo
pago es demorado por la administración; el taxidermista Gregorio Fumagal, que
además de dedicarse a su arte sirve de enlace a los franceses, rindiendo parte
del lugar exacto de caída de las bombas; y el Capitán Desfosseux, ajeno por
completo a la guerra, pese a que su trabajo consiste en dirigir las piezas de
artillería que baten la ciudad; entregado a los cálculos que le permitan ganar
sucesivas mejoras en el alcance de los obuses, cosa que cree que lograría
empleando morteros, aunque estos le son negados por sus superiores. Este último
personaje me recuerda al protagonista de El
maestro de esgrima.
La novela entra con más facilidad en el género
policíaco que en el histórico. También tiene su punto de misterio, como ya he
mencionado, así como acción, un duelo, heroísmo quizás, y hasta una historia de
amor inconclusa. Pero sobre todo es una novela de aventuras, y como tal,
engancha. El final, agridulce, no satisface del todo, pero hace que la novela sea
más creíble.


