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05 marzo 2011

Henders, de Warren Fahy

Tras un prólogo con numerosas muestras de los desastres causados por las especies invasoras, sigue un capítulo que narra el primer contacto con la isla Henders en 1791, y por fin el inicio real de la acción, que nos sitúa en la grabación de un reality show ambientado a bordo de una embarcación científica.

En respuesta a una llamada de socorro, el trimarán llega a la Henders, en cuya superficie hace 500 millones de años que tanto flora como fauna evolucionan sin contacto con ninguna otra especie de la tierra, dando lugar a una sorprendente colección de especies, que se resisten a ser incluidas en la taxonomía habitual.

El inicio de la trama creo que es muy precipitado, pues ya el primer contacto con las criaturas de la isla constituye una masacre. Las imágenes han sido difundidas en directo por la productora del programa, pero son tan increíbles que predominan quienes piensan que se trata de un montaje.

Tras ese planteamiento simple pero ciertamente interesante, el relato evoluciona de modo irregular. Reconozco que no he podido resistirme a una lectura rápida, pero le falta calidad. Pretende dar credibilidad científica a las especies presentadas, y para ello alterna capítulos de acción con la exposición de especulaciones científicas, que además sirven para presentar a algunos de los protagonistas; pero lejos de resultar convincente, lo que se consigue es romper el ritmo.

Encuentro algunos aspectos demasiado exagerados, como el hecho de que todas las especies, plantas incluidas, sean extraordinarias en su apariencia y en su agresividad. El presidente de los Estados Unidos decidido a hacer desaparecer la isla con una explosión nuclear… si lo que pretende el autor es plantear un dilema ético sobre la conveniencia de destruir un ecosistema potencialmente peligroso, no ha sabido desarrollarlo. Y el hecho de que la isla esté a punto de desaparecer a causa de los temblores de tierra constituye un intento innecesario de aumentar el dramatismo. Y por supuesto, el malo, el científico sin escrúpulos dispuesto a cualquier cosa por la fama.

Hacia el final aparece una última especie tan increíble que ya no se trata de imaginación desbordada, sino de un auténtico absurdo. Por lo demás todo se vuelve previsible: final rosa para unos, isla destruida, y el malvado recibe su merecido. En pocas palabras: una novela mediocre, que parte de una idea genial a la que intenta dar un soporte científico al estilo Michael Crichton, y  que finalmente queda en una historia no sólo poco creíble, sino sosa, aunque muy adecuada para una película comercial, apta para todos los públicos.

08 diciembre 2010

El asedio, de Arturo Pérez-Reverte

Un relato muy en la línea de Reverte, que es uno de mis autores preferidos. Ambientado en esta ocasión en el sitio de Cádiz por parte de los franceses, entorno en el que el autor se desenvuelve perfectamente, con descripciones precisas de la ciudad, sus calles y sus gentes. No me gusta el excesivo alarde que se hace de la terminología marítima, y menos aún del vocabulario propio de la época, pero quizás sin esos términos tan decimonónicos la novela sería distinta, no lograría situarnos dentro de la ciudad y tan inmersos en dicho momento histórico.

Al inicio del libro una cita de Euler y otra de Sófocles. A falta de ciencia que resuelva el misterio de las jóvenes que aparecen asesinadas en distintos puntos de la ciudad, coincidiendo con la caída de las bombas francesas, quizás la solución se encuentre en las tragedias griegas. Sin embargo, al margen de dicha trama son varias las historias que se desarrollan en paralelo.

Como siempre, la caracterización de los personajes es genial. Reverte consigue que todos los personajes principales sean estupendos a su manera: Lolita Palma, que se les apaña para dirigir la empresa familiar pese a las dificultades que la guerra y el azar imponen; el Capitán Lobo, curtido marino metido a corsario que sin embargo desprecia el mar; el comisario Rogelio Tizón, hombre duro y cruel que ve peligrar su carrera cuando se enfrenta a una serie de casos que no sabe resolver, y a quien las nuevas leyes no harán cambiar sus métodos poco ortodoxos; el intrépido Felipe Mojarra, salinero que se juega la vida para arrebatar a los franceses una lancha cañonera con la esperanza de cobrar la recompensa, cuyo pago es demorado por la administración; el taxidermista Gregorio Fumagal, que además de dedicarse a su arte sirve de enlace a los franceses, rindiendo parte del lugar exacto de caída de las bombas; y el Capitán Desfosseux, ajeno por completo a la guerra, pese a que su trabajo consiste en dirigir las piezas de artillería que baten la ciudad; entregado a los cálculos que le permitan ganar sucesivas mejoras en el alcance de los obuses, cosa que cree que lograría empleando morteros, aunque estos le son negados por sus superiores. Este último personaje me recuerda al protagonista de El maestro de esgrima.

La novela entra con más facilidad en el género policíaco que en el histórico. También tiene su punto de misterio, como ya he mencionado, así como acción, un duelo, heroísmo quizás, y hasta una historia de amor inconclusa. Pero sobre todo es una novela de aventuras, y como tal, engancha. El final, agridulce, no satisface del todo, pero hace que la novela sea más creíble.

22 agosto 2010

Contraluz, de Thomas Pynchon


De nuevo se trata de mi  primera vez con un autor difícil, y me había documentado previamente, de modo que sabía que abordaba una obra de 1300 páginas. Estaba preparado para las aventuras matemáticas (la confrontación entre estudiosos de los vectores y de los cuaterniones, ardua para quien tenga olvidada la aritmética). Sabía que se incluían algunas fantasías más propias de literatura juvenil, como la presencia de Pugnax, el perro que lee novelas a bordo del dirigible Inconvenience, o las pulgas gigantes que hablan “un dialecto uigur antiguo, aunque […] tienen ciertas dificultades fonológicas, en especial con la fricativa interdental sonora”. Sabía que serían inevitables las referencias a la convulsa política de la Europa de principios del siglo XX (huelgas, comunistas y nihilistas por doquier…). No me asustaba recurrir a frecuentes consultas a la wikipedia para comprender qué estaba leyendo (los tommyknockers, Shambhala, Henry Clay Frick, el espacio de Riemman…), pero todo ello no me había preparado para el maremágnum de personajes, datos e ideas.

Además de la tripulación del Inconvenience y de la familia del dinamitero Webb Traverse, conoceremos a una variopinta multitud de personajes. Asistiremos al desarrollo de la fotografía, a las agitaciones sindicalistas de la época y a la construcción del túnel de Simplon. Embarcaremos en el Stupendica, un transatlántico que se transforma en el acorazado Emperor Maximilian. Además: asesinos a sueldo, una familia de magos, espato de Islandia, la ruta de la seda, espías y sodomitas. Rodeándolo todo, pero sin que yo haya sabido encontrar la estructura que lo sustenta, ciencia, magia, bilocación e ingeniería.

Siempre me resulta duro confesar que no he sido capaz de terminar un libro. En esta ocasión ha sido una derrota en toda regla, no tengo excusas. Y este es el momento de la duda ¿culpo al libro o es problema mío el haber sabido sumergirme en el universo pynchoniano?

Como me resistía a abandonar la novela a medias, prolongué mi intento hasta más allá de la página 850, por lo que me siento autorizado a comentar algo. Los personajes principales son creíbles y es fácil simpatizar con ellos, aunque entran y salen de escena sin previo aviso. A cambio, surgen nuevos personajes sin presentación y en ocasiones cuesta saber si son reales o ficticios. El argumento es difícil de definir, si es que lo tiene. Inicialmente nos sitúa en la Exposición Universal de Chicago de 1893, pero la acción entra de lleno en el siglo XX, con escasas referencias temporales. En conjunto parece una parábola que no he sabido interpretar. Del final, obviamente, no puedo hablar.

Recomendado únicamente para quien ya conozca a Pynchon y quiera más de él.

23 marzo 2010

El viaje del elefante, de José Saramago.

Para quienes no hayan leído antes a Saramago, una advertencia: sólo un maestro de la pluma como él puede atreverse a escribir con una estructura tan poco académica y tan desalentadora para el lector. En efecto, son mayoría las páginas en las que no aparece ni un solo punto y aparte, e incluso cuesta encontrar el final de las frases, que se encadenan unas a otras sin ayuda de signos de puntuación; ni tan siquiera observamos rayas cuando asistimos a los numerosos diálogos, y se escatiman las mayúsculas en los nombres propios. También son frecuentes las apostillas o digresiones que rompen la narración para incluir aclaraciones a los términos empleados. Según leo, todo ello es habitual en este autor, aunque para mí se trate de una novedad.

Si pese a ello damos nuestro voto de confianza a Saramago, pronto nos veremos obligados a aceptar que la lectura no sólo es posible, sino que resulta grata y entretenida. El viaje del elefante desde Lisboa a Viena resulta ser fuente inagotable de anécdotas, y será inevitable simpatizar con el paquidermo y con el cornaca que lo guía, que pese a su humilde condición demuestra gran inteligencia para salir con bien de cada situación, con ayuda del elefante o sin ella.

Junto a ambos protagonistas, desfilan por las páginas multitud de personajes, que exhibirán peculiares actitudes hacia el animal nunca antes visto (tengamos en cuenta que nos encontramos en el siglo XVI).

Recomendable como cuento y como modo de asomarse a la obra de un Nobel de Literatura.

20 febrero 2010

La soledad de los números primos, de Paolo Giordano


Mi última lectura. Un texto muy bonito, pero triste.
Pese a su éxito en la escuela y más tarde en la universidad, la vida de Mattia está marcada para siempre por un trágico suceso sufrido en su infancia, que lo mantiene en un universo propio donde las relaciones con los otros no parecen tener cabida. Alice, herida también en su niñez, trata de buscar la felicidad en un mundo que sólo pone obstáculos en su camino.
Asistimos al lento proceso de madurez de ambos personajes, testigos de la amistad que surge entre ellos y que parece abocarlos a una relación más profunda. Pero las sucesivas decisiones que la vida les obliga a tomar y los fantasmas de sus respectivos pasados, limitan las opciones y los mantienen en una permanente soledad.
Un retrato exquisito de la personalidad de los protagonistas, que impulsa a ser leído de un tirón. Una historia creíble de principio a fin. Cruel, conmovedora y melancólica a partes iguales. Muy recomendable su lectura, a sabiendas de que su triste final dejará incómodo al lector sensible, que a buen seguro se habrá visto reflejado en alguno de los sucesos que Giordano narra con maestría.

Presentación

No soy decano, aunque sí he sido Jefe de Estudios de una escuela en Zaragoza.
No soy escritor, aunque he recibido un premio nacional por un trabajo publicado hace ya años.
Sí soy un lector empedernido, que pretende en esta páginas compartir sus impresiones acerca de los textos que lee.