Tras un prólogo con numerosas muestras de los desastres causados por las especies invasoras, sigue un capítulo que narra el primer contacto con la isla Henders en 1791, y por fin el inicio real de la acción, que nos sitúa en la grabación de un reality show ambientado a bordo de una embarcación científica.En respuesta a una llamada de socorro, el trimarán llega a la Henders, en cuya superficie hace 500 millones de años que tanto flora como fauna evolucionan sin contacto con ninguna otra especie de la tierra, dando lugar a una sorprendente colección de especies, que se resisten a ser incluidas en la taxonomía habitual.
El inicio de la trama creo que es muy precipitado, pues ya el primer contacto con las criaturas de la isla constituye una masacre. Las imágenes han sido difundidas en directo por la productora del programa, pero son tan increíbles que predominan quienes piensan que se trata de un montaje.
Tras ese planteamiento simple pero ciertamente interesante, el relato evoluciona de modo irregular. Reconozco que no he podido resistirme a una lectura rápida, pero le falta calidad. Pretende dar credibilidad científica a las especies presentadas, y para ello alterna capítulos de acción con la exposición de especulaciones científicas, que además sirven para presentar a algunos de los protagonistas; pero lejos de resultar convincente, lo que se consigue es romper el ritmo.
Encuentro algunos aspectos demasiado exagerados, como el hecho de que todas las especies, plantas incluidas, sean extraordinarias en su apariencia y en su agresividad. El presidente de los Estados Unidos decidido a hacer desaparecer la isla con una explosión nuclear… si lo que pretende el autor es plantear un dilema ético sobre la conveniencia de destruir un ecosistema potencialmente peligroso, no ha sabido desarrollarlo. Y el hecho de que la isla esté a punto de desaparecer a causa de los temblores de tierra constituye un intento innecesario de aumentar el dramatismo. Y por supuesto, el malo, el científico sin escrúpulos dispuesto a cualquier cosa por la fama.
Hacia el final aparece una última especie tan increíble que ya no se trata de imaginación desbordada, sino de un auténtico absurdo. Por lo demás todo se vuelve previsible: final rosa para unos, isla destruida, y el malvado recibe su merecido. En pocas palabras: una novela mediocre, que parte de una idea genial a la que intenta dar un soporte científico al estilo Michael Crichton, y que finalmente queda en una historia no sólo poco creíble, sino sosa, aunque muy adecuada para una película comercial, apta para todos los públicos.



