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23 marzo 2010

El viaje del elefante, de José Saramago.

Para quienes no hayan leído antes a Saramago, una advertencia: sólo un maestro de la pluma como él puede atreverse a escribir con una estructura tan poco académica y tan desalentadora para el lector. En efecto, son mayoría las páginas en las que no aparece ni un solo punto y aparte, e incluso cuesta encontrar el final de las frases, que se encadenan unas a otras sin ayuda de signos de puntuación; ni tan siquiera observamos rayas cuando asistimos a los numerosos diálogos, y se escatiman las mayúsculas en los nombres propios. También son frecuentes las apostillas o digresiones que rompen la narración para incluir aclaraciones a los términos empleados. Según leo, todo ello es habitual en este autor, aunque para mí se trate de una novedad.

Si pese a ello damos nuestro voto de confianza a Saramago, pronto nos veremos obligados a aceptar que la lectura no sólo es posible, sino que resulta grata y entretenida. El viaje del elefante desde Lisboa a Viena resulta ser fuente inagotable de anécdotas, y será inevitable simpatizar con el paquidermo y con el cornaca que lo guía, que pese a su humilde condición demuestra gran inteligencia para salir con bien de cada situación, con ayuda del elefante o sin ella.

Junto a ambos protagonistas, desfilan por las páginas multitud de personajes, que exhibirán peculiares actitudes hacia el animal nunca antes visto (tengamos en cuenta que nos encontramos en el siglo XVI).

Recomendable como cuento y como modo de asomarse a la obra de un Nobel de Literatura.